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Ternura

Tiempo de ternura verde,

                                                                  an da  suel to             mi animal.

 

(Nieves Iparraguirre, abril 2017)

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Mantiel

Añoro el arrullo de Mantiel,
sus manantiales dulces y frescos,
los paseos por caminos silenciosos,
los parajes verdes
montañosos y serenos,
Los huertos.
La caricia del agua turquesa
y el rojo atardecer dorado

Atardecer en Mantiel

Atardecer en Mantiel

que invade el cielo.
Ese loco reloj histriónico
subido en la torre del ayuntamiento
y que con candor emula
 – tOOonnnnnnnnnnnn… -,
el niño Leo.

Echo de menos
las calles estrechas y limpias,
sin marcas, distingos ni aceras,
porque la calzada,
la calle en Mantiel es para la gente.
Las moreras, las parras, las rosas,…
La fuente que parece un sueño,
y el “lavadero” vivo de peces,
con el barbo, el blas-blas
y la carpa que besa
la bienintencionada mano.

Estoy echando de menos
las comidas compartidas
y l@s amigos risueños,
los juegos infantiles de la mañana
y de la tarde,
la algarabía.
El saludo amable, las sonrisas,
los abrazos, los besos.
La tertulia en la paz nocturna
que a veces es grave,
iluminada y profunda,
otras ingrávida
y desbordada,
la risa.
Más tarde
los jabalíes hocean en el parque.

Si, extraño su cielo,
esa noche infinita preñada de estrellas,
y extraño…
tus dos luceros,
tan limpios
tan negros
.

Nieves Iparraguirre, agosto 2014.

exterior

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Sonrisa

Sonrisa

(A Juan… por su generosa y dulce atención) 

Está la mañana

de besos frescos

y las manos del viento

acarician un cielo azul

que despierta.

Las bandadas aladas

han tomado el aire,

como olas silenciosas

vuelan al sur.

 

Susurra el bosque

una melodía secreta

entre sus pinos altos

tan delgados,

entre sus copas redondas

que besan nubes.

Y huele a menta.

Y es otoño.

 

Allí está la fuente

que no cesa

con voz cristalina,

y el amable banco

con su espera,

el rayo de sol

que se cuela firme

y alborota gorriones.

Allí está

la mariposa blanca

que danza

en las ramas dormidas,

y se precipita

sobre los labios.

 

Nieves Iparraguirre (Octubre 2011)

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Dulce

(Muy dulce, como algodón de azucar)

Neo es tan pequeñito

que me cabe en las palmas,

y cuando queda dormido

en mi cuello es bufanda.

Tiene los ojitos verdes,

como  esmeraldas.

Su pelo es negro

muy largo y suave,

sus cuatro manitas,

blancas.

Dicen que maúlla,

pero cuando llama,

es un pajarito

de aguda tonada.

Me muerde la nariz

me lame la cara

se enreda en mi pelo,

cosquillitas en mi alma.

 Neo es pequeñito,

pero grande su mirada,

verde

como la hierba clara.

 

Nieves Iparraguirre

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